DUELO MIGRATORIO Y VIOLENCIA DE GÉNERO
Comprender cómo pueden relacionarse
Migrar supone iniciar una nueva etapa que puede implicar cambios, pérdidas, aprendizajes y procesos de adaptación. Cada experiencia migratoria es única y se vive de manera diferente. A este proceso de adaptación se le conoce como duelo migratorio, y constituye una respuesta natural ante los cambios que conlleva la migración.
El proceso migratorio no provoca la violencia de género. Sin embargo, determinadas circunstancias, como la distancia de la red de apoyo, las barreras idiomáticas, la incertidumbre económica o administrativa, o el desconocimiento de los derechos y los recursos disponibles, pueden generar mayores dificultades para identificar la violencia, pedir ayuda o acceder a apoyo.
Los agresores pueden aprovechar estas situaciones para ejercer un mayor control, utilizando el aislamiento, el miedo o la dependencia como herramientas para limitar la autonomía de la mujer.
Comprender esta realidad desde una perspectiva feminista e intercultural nos ayuda a reconocer que la violencia de género tiene el mismo origen —la desigualdad entre mujeres y hombres—, aunque no todas las mujeres enfrenten las mismas barreras para ejercer sus derechos.
Reconocer la relación entre violencia de género y duelo migratorio nos da fuerza para resistirla y exigir nuestros derechos.






