EL CICLO DE LA VIOLENCIA EN LAS RELACIONES DE PAREJA
No se trata de hechos aislados, sino de dinámicas repetidas que se van instalando progresivamente en la relación.
El ciclo de la violencia es un proceso que permite comprender cómo se sostienen muchas situaciones de violencia en las relaciones de pareja.
En una primera fase, denominada fase de tensión, se instauran conductas de control, vigilancia, celos, desvalorización o irritabilidad. Estas conductas generan un clima de inseguridad y alerta constante en la mujer, que suele adaptar sus comportamientos para evitar conflictos o agresiones, en un intento de protegerse dentro de la relación.
A continuación, puede producirse la fase de agresión o explosión, en la que se manifiestan formas de violencia psicológica, verbal, física, sexual o económica. Estas agresiones suponen una expresión directa del ejercicio de poder y control por parte del agresor, y tienen un impacto profundo en la salud física, emocional y social de la mujer.
Tras esta fase, puede aparecer la fase de reconciliación o “luna de miel”, caracterizada por disculpas, promesas de cambio, afecto o comportamientos de aparente arrepentimiento. Esta etapa puede generar confusión emocional y esperanza en la posibilidad de cambio, reforzando el vínculo afectivo a pesar del daño sufrido.
Con el tiempo, este ciclo tiende a repetirse, aumentando la intensidad de las agresiones y reduciéndose los periodos de calma. Esta dinámica contribuye a la consolidación de la violencia y a la progresiva pérdida de autonomía, seguridad y redes de apoyo de la mujer.
Este proceso no puede entenderse al margen del contexto social. La desigualdad de género, las normas sociales que minimizan o justifican el control sobre las mujeres, así como factores como la dependencia económica, la situación administrativa o la falta de redes de apoyo, pueden aumentar la vulnerabilidad y dificultar la salida de la relación.
Como consecuencia de la exposición continuada a la violencia, pueden aparecer sentimientos de miedo, culpa, bloqueo emocional, ambivalencia o dependencia emocional. Estos no son causas de la situación, sino efectos de una violencia sostenida en el tiempo y de una relación marcada por la desigualdad de poder.
Reconocer el ciclo de la violencia de género nos da fuerza para resistirla y exigir nuestros derechos.






